Soledad, que te busco, que te busco
y no te encuentro, soledad que ama
soledad de tortura y amargura
soledad que comparte mi orgulloso destino.
Un piano, el sonido, el silencio
el teclear de la vida, el resonar de las notas
y el ritmo acelerado de los sentimientos
que se pierden en el viento.
El oscuro tinte del paso del tiempo
y el desgaste del alma que no duerme
que no comprende, qué no se aclara
que gotas de rocío son de su rostro,
que gotas nacen del frio del invierno
y cuales, de tu olvido.
Mentiras envenenadas, que solo yo me creo
odio en la sonrisa de tu espejo, de cada amanecer
mi fragancia de la vida, encarcelada bajo su piel
la triste sonrisa torcida del paso del ayer.
Mentiras, verdades, presas del silencio
del amor, dónde el pobre y el rico acaban
pidiendo permiso, para entrar un segundo
y acabar saliendo por la puerta de atrás.
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